Agustin Galbis. Área Financiera y de Gestión Empresarial GB Consultores.

El Banco Central Europeo (BCE) ha tenido que subir tipos de interés por primera vez desde hace 11 años, adoptando la misma política que la FED (Reserva Federal de Estados Unidos), viniendo de una etapa muy prolongada de tipos cercanos al 0%. Este cambio de paradigma se debe a una inflación galopante que, a cierre del 2021 se posicionó en el 6,5% en España y cuya expectativa para la eurozona en 2022 asciende al 6,8%.

La primera subida de tipos se estima en el 0,25% y se aplicará el 9 de julio a expensas de una nueva revisión para el mes de septiembre (expectativa de 0,5%), anticipando que: «Si las perspectivas de inflación a medio plazo persisten o se deterioran, un incremento mayor será apropiado en la reunión de septiembre».

Paralelamente a esta subida, el BCE anunció la paralización de las compras de activos a través de su programa de compras netas de activos públicos (PEPP) para el 1 de julio, aunque sí reinvertirá los préstamos que vayan venciendo hasta el 2024. Estas medidas se realizan con el fin de contener la inflación actual, pero buscando que no haya alteraciones drásticas en la economía de la eurozona.

La subida de tipos y la fuerte inflación ha provocado una caída en las expectativas de crecimiento económico para este año, siendo de 2,8% frente al 3,5% estimado en mayo. A todo este mix de variables, hay que añadirle la falta de suministros por la invasión de Ucrania y la desestabilización que esta provoca a nivel mundial, pero sobre todo europeo. Nos encontramos ante un escenario histórico, dónde se pretende contener la inflación, pero sin frenar la economía, algo que parece difícil, si no imposible.

Consecuencias para las empresas y ciudadanos particulares

  • Aumento de costes financieros de los préstamos a tipo variable incrementando las tasas de morosidad/impagados.
  • Aumento de costes en la nueva financiación también a tipo fijo.
  • Mayor dureza en los requisitos para conceder nueva financiación por la disminución del dinero circulante.
  • Caída de inversiones tanto en renta fija como renta variable en el corto/medio plazo, rentabilidad de los IPF positiva.
  • Encarecimiento de hipotecas con previsión de que supongan un 40% de la renta de los ciudadanos frente al 33% actual.
  • Disminución en el consumo empeorando las ventas de las empresas y asimismo su resultado.
  • Aumento de la prima de riesgo que disuade a los inversores de invertir en países con tasas altas como España.

Todas estas consecuencias, junto con la devolución de los créditos ICOs para aquellas empresas que no han obtenido aplazamientos o quitas, supone un panorama financiero de alto riesgo para las empresas españolas.

Recomendamos una rigurosa planificación financiera de las mismas que permita analizar el presente y planificar el futuro para conseguir empresas saneadas que puedan hacer frente tanto a sus gastos de estructura como a las devoluciones de deuda.

Foto: BCE
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