Miguel Piqueres. Departamento Financiero y de Gestión Empresarial en GB Consultores

 

El impacto de la morosidad en las empresas conlleva una repercusión negativa en las cuentas de la empresa y, dependiendo de la magnitud, podría suponer una potencial amenaza. Con el cierre del ejercicio y a la hora de hacer recuento de facturas impagadas, su contabilización y gestión son clave para una menor repercusión en las cuentas.

Los clientes son un factor clave en diversos aspectos en la sociedad, pero en lo que corresponde contable y financieramente, éstos determinan el importe que aún no se ha hecho efectivo y del cual existe un derecho de cobro. Dicho importe, determinará, entre otros, las necesidades operativas de fondos a las que la sociedad debe hacer frente.

La definición de impago o morosidad la establece la Ley 15/2010, de 5 de julio, de modificación de la Ley 3/2004, de 29 de diciembre, como ‘’el incumplimiento de los plazos contractuales o legales de pago, refiriéndose a tales plazos como todos los días naturales del año, y serán nulos y se tendrán por no puestos los pactos que excluyan del cómputo los periodos considerados vacacionales’’.

Esta ley se constituye con el fin de suprimir la posibilidad de «pacto entre las partes», la cual, permite alargar significativamente los plazos de pago, siendo generalmente las PYMES las empresas más perjudicadas.

La determinación del plazo se debe establecer en el momento del contrato de la operación comercial. Pese a ello, la ley establece que el plazo de pago que se deberá cumplir requiere de dos características esenciales:

  • 60 días después de la fecha de recepción de las mercancías o prestación de los servicios.
  • Los proveedores deberán hacer llegar la factura o solicitud de pago equivalente a sus clientes antes de que se cumplan treinta días desde la fecha de recepción efectiva de las mercancías o prestación de los servicios.

Antes de llegar a la situación de impago, se debe realizar, en primer lugar, la contabilización de la venta, momento donde se establece el vencimiento oportuno a cobrar. Si llegado el día el cliente no realiza el pago y existen dudas razonables de que se produzca un impago apelando al principio de prudencia, se reflejará en la contabilidad. De lo contrario, se mantiene ese derecho de cobro que, por una parte, no refleja la imagen fiel de la sociedad y, por otra, oculta las necesidades reales de financiación.

Contabilización

Con el fin de mostrar la realidad de la empresa, y de no alterar el balance, se debe dotar un deterioro a la partida de clientes.

Ilustración 1

De esta forma el activo corriente refleja la realidad, y la cuenta de resultados se ve afectada, puesto que hay un impacto negativo o una pérdida por el importe impagado.

Llegada la situación existen tres opciones:

  1. El cliente hace efectiva su deuda
  2. El cliente confirma que no hará efectiva su deuda
  3. El cliente hace efectiva una parte de su deuda, pero el resto no lo pagará

Supuesto 1: El cliente hace efectiva su deuda

Si tras negociar con el cliente este confirma que podrá pagar y paga, se elimina la situación creada en la ilustración 1.

Ilustración 2

De esta forma, se registra el cobro en la cuenta de bancos, y se añade un ingreso (794) para compensar el gasto dotado en la ilustración 1.

Supuesto 2: El cliente nos confirma que no hará efectiva su deuda

Si tras negociar con el cliente éste confirma que por cualquier motivo no pagará, ya no se mantendrá el deterioro, se declara la pérdida definitiva

Ilustración 3

De esta forma, se quita el deterioro y la cuenta de cliente dudoso cobro del balance, contabilizando una pérdida en la cuenta de resultados. Es decir, se elimina la pérdida por deterioro (694) con una reversión del deterioro (794) y se anula la cuenta de cliente dudoso cobro con una pérdida por créditos incobrables (650).

Supuesto 3: El cliente hace efectiva una parte de su deuda, pero el resto no lo pagará

Tras negociar con el cliente este confirma que hará efectiva una parte de su deuda, pero no puede hacer frente a la otra parte

Ilustración 4

Ilustración 5

En conclusión, desde el punto de vista financiero, los impagos suponen:

  • Un desequilibrio financiero y de la estructura del balance.
  • Un aumento de los costes financieros derivados de las necesidades de financiación de las cuentas impagadas.
  • Una disminución de los márgenes de beneficios.
  • Gastos que provocan los impagados (administrativos, gestión de cobro, desplazamiento de personal…).
  • Se debe financiar esta morosidad durante un período adicional.
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