Sergio Pitarch. Área Financiera y de Gestión Empresarial GB Consultores

Desde hace unos meses no se habla de otra cosa más que de la inflación, ese “impuesto silencioso” que va mermando nuestro poder adquisitivo si no conseguimos revalorizar nuestros ahorros al ritmo del coste de vida. Lo cierto es que la inflación se ha disparado al alza a nivel global y ha impactado de forma negativa a todos los niveles, tanto en las personas físicas como jurídicas.

En el dato publicado por el INE, la inflación escala en octubre hasta el 5,4% en España marcando máximos en 29 años; igualmente pasa en Estados Unidos, donde se registró un dato de inflación interanual en octubre del 6,2%.

De cara a la próxima reunión del BCE (Banco Central Europeo), y tomando como referencia la economía americana, la secretaria del Tesoro de los Estados Unidos, Janet Yellen, en una intervención comentó que “veía posible la necesidad de subir los tipos de interés para evitar un calentamiento moderado de la economía”. Los mercados no reaccionaron muy bien, y poco después hizo una segunda declaración asegurando que no habría necesidad de aumentar los tipos en el corto plazo. Una muestra de cómo la clase política se ha puesto de acuerdo para seguir insistiendo en que la inflación actual es un fenómeno de corto plazo por el desajuste en la oferta y demanda de bienes y servicios debido a la situación de COVID-19, y que debería resolverse a medio plazo normalizándose de nuevo en unos niveles más sostenibles, en torno al 2%.

Pero si nos fijamos en las materias primas, la historia es diferente. Las principales materias como el petróleo, cobre, aluminio y gas natural han repuntado desmesuradamente este año. Estos aumentos en los materiales pronto serán repercutidos por las empresas en sus productos.

Según los últimos datos a octubre, el precio de muchos bienes y servicios básicos se ha visto incrementado. Por ejemplo, la gasolina subió un +31,2%; el precio de los huevos, +8,8%; la carne, +7,2%; la leche, +7,8%, y así el resto. Si nos fijamos en otro indicador clave a la hora de seguir de cerca la inflación, son los precios de los camiones y coches usados, aumentaron un +4,56% en el segmento de vehículos con más de 8 años.

En la restauración, las principales cadenas de fast food están subiendo los precios de sus menús; en el caso de McDonald’s o Taco Bell los han aumentado en un 8% y 10%, respectivamente.

¿Será por el exceso de liquidez y el aumento del ahorro en los hogares?

Según BBVA Research, el ahorro de los hogares se multiplicó por 2,3 en 2020 como consecuencia de las restricciones impuestas por la situación epidemiológica y el temor al contagio. En España, el perfil habitual del inversor es de tipo conservador. El problema es que hoy en día las tasas al ahorro conservador vistas en depósitos y en renta fija son cercanas a cero; es por ello por lo que muchos ahorradores con este perfil están buscando otro tipo de activos con mayor riesgo y mayor rentabilidad esperada. Si nos paramos a pensar, prácticamente cualquier activo se ha disparado actualmente:

  • Las criptomonedas o monedas virtuales: la facilidad de las plataformas de inversión y la instantaneidad en la apertura de cuentas, tanto nacional como extranjeras, ha hecho que 1 de cada 10 europeos hayan invertido en este tipo de activos. Si nos fijamos el BITCOIN se ha revalorizado un +315% en el último año.
  • Los mercados financieros: los principales índices mundiales como el S&P500 y el NASDAQ continúan subiendo +20% y +48%, respectivamente en este año. Nuestro índice de referencia, el IBEX35, lo ha hecho en un 12%.
  • El inmobiliario: la guerra abierta en la banca española por volver a ser rentable ha provocado que se lancen ofertas hipotecarias con niveles récord en tipos de interés bajos. Como resultado, el precio medio de la vivienda en España ha subido un +5,2%, respecto a octubre del año pasado.

Conclusión

Los banqueros centrales siguen insistiendo en que la inflación que estamos viviendo es transitoria, pero de forma objetiva, la inflación se ha producido por una combinación de medidas laxas y flexibles en política fiscal y monetaria.

Las expectativas de inflación son un hecho y son reales, es posible que siga aumentando, pero la pregunta es: ¿Hasta dónde? ¿Cuál es el techo a partir del cual tomarán medidas para contenerla?

Foto: Anna Shvets en Pexels.
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